Perdonar a alguien en silencio es un acto profundamente íntimo.
No necesita testigos, ni explicaciones, ni aplausos.
Es decidir soltar el peso que alguien dejó en ti, no porque lo merezca, sino porque tú mereces paz.
Es dejar de repetir la herida en la mente, aunque la cicatriz siga ahí.
Perdonar en silencio no siempre implica reconciliarse.
A veces significa aceptar lo que fue, poner un límite y seguir caminando más ligero.
Es un regalo que no se entrega al otro, sino a uno mismo.
Un acto de amor propio que dice: ya no quiero que esto me duela más de lo necesario.
Porque hay perdones que no se dicen…
se sienten, se procesan y se liberan.
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