martes, 3 de febrero de 2026

Pétalos sobre mi vientre

Quisiera que me cubras de pétalos,

“Gracias por dejar que mis palabras toquen tu mundo.”

Es una frase chiquita pero con mucha alma.

“Gracias por dejar que mis palabras toquen tu mundo” reconoce algo muy íntimo: que escuchar (o leer) a alguien es un acto de confianza. No habla solo de hablar, sino de permiso. De abrir una puerta. De admitir que las palabras no son neutras: entran, rozan, a veces se quedan.

Tiene gratitud, pero también humildad. No da por sentado que el otro tenía que escuchar. Agradece el espacio, la atención, la vulnerabilidad compartida. Y al decir “tu mundo”, eleva al otro: su mundo importa, es propio, es valioso.

Suena a despedida suave… o a confesión sincera. Como decir: no sé qué harán mis palabras en ti, pero gracias por permitirles existir ahí.

miércoles, 28 de enero de 2026

Perdonar a alguien en silencio

Perdonar a alguien en silencio es un acto profundamente íntimo.
No necesita testigos, ni explicaciones, ni aplausos.

Es decidir soltar el peso que alguien dejó en ti, no porque lo merezca, sino porque tú mereces paz.
Es dejar de repetir la herida en la mente, aunque la cicatriz siga ahí.

Perdonar en silencio no siempre implica reconciliarse.
A veces significa aceptar lo que fue, poner un límite y seguir caminando más ligero.

Es un regalo que no se entrega al otro, sino a uno mismo.
Un acto de amor propio que dice: ya no quiero que esto me duela más de lo necesario.

Porque hay perdones que no se dicen…
se sienten, se procesan y se liberan.

Los cinco caminos de la vida

La vida no es una línea recta ni un destino fijo; es un cruce constante de caminos. A lo largo del tiempo, cada persona aprende —a veces con calma, otras con dolor— que vivir implica elegir. No siempre somos conscientes de esas elecciones, pero cada una nos conduce por un sendero distinto. Entre todos ellos, hay cinco caminos que suelen aparecer una y otra vez en la experiencia humana.

¿Qué haces cuando te tratan mal?

Cuando me tratan mal, primero intento detenerme y no reaccionar en automático. No siempre es fácil, porque el maltrato duele y suele despertar enojo, tristeza o ganas de defenderse de inmediato. Pero con el tiempo he aprendido que responder desde la rabia casi nunca me cuida ni mejora la situación. Entonces respiro, observo lo que siento y trato de entender qué me afectó exactamente: ¿fue el tono, las palabras, la intención, o algo que tocó una herida vieja? Darme ese espacio me ayuda a no perderme a mí en la reacción.

Después, si tengo la energía y el contexto lo permite, pongo límites. No desde el ataque, sino desde la claridad. A veces decir “no me hables así” o “eso me hizo sentir mal” es un acto de respeto propio, aunque incomode. Otras veces elijo el silencio y la distancia, porque no todo merece una explicación ni todas las personas están dispuestas a escuchar. Aprender a elegir mis batallas también ha sido una forma de cuidarme: no todo el mundo tiene acceso a mí ni a mi paz.

Finalmente, trato de no cargar con lo que no me corresponde. Que alguien me trate mal habla más de su mundo interno que de mi valor como persona. Recordarme eso es clave para no internalizar el daño. Me apoyo en personas que me tratan con respeto, hago cosas que me devuelven calma y, si es necesario, reflexiono sobre lo ocurrido para crecer sin endurecerme. Porque defenderme no significa volverme fría o cruel, sino aprender a quererme lo suficiente como para no normalizar el maltrato.

El mundo está lleno de cosas mágicas

El mundo está lleno de cosas mágicas, aunque muchas veces caminemos entre ellas sin notarlas. No siempre brillan ni hacen ruido; a veces se esconden en lo cotidiano, en lo simple, en lo que damos por sentado. La magia puede estar en una conversación que llega justo a tiempo, en una risa inesperada en un día difícil, o en ese momento de silencio que nos permite volver a respirar.

Con el paso del tiempo aprendemos a mirar con prisa, a enfocarnos solo en lo urgente, y así la magia parece desvanecerse. Pero en realidad no se va: somos nosotros quienes dejamos de mirarla. Basta con detenerse un instante, cambiar la perspectiva, permitirnos sentir sin juzgar, para descubrir que sigue ahí. En la naturaleza, en los recuerdos, en los pequeños gestos de bondad que pasan casi desapercibidos.

La magia también vive dentro de las personas: en la capacidad de empezar de nuevo, de amar a pesar del miedo, de soñar incluso cuando la realidad pesa. Cada persona guarda un universo propio, lleno de historias, heridas y esperanzas, y encontrarnos con eso ya es, en sí mismo, un acto mágico.

Quizá la verdadera magia del mundo no está en lo extraordinario, sino en aprender a ver lo extraordinario en lo común. Cuando abrimos los ojos y el corazón, descubrimos que el mundo nunca dejó de ser mágico; simplemente estaba esperando a que volviéramos a creer. 🌱

El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal

“El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal” nos recuerda que la vida no se decide en un solo momento. El éxito puede ser pasajero si no se sostiene con humildad y aprendizaje, y el fracaso, aunque duela, no tiene la última palabra sobre quiénes somos.

Cada logro es una pausa, no una meta final. Cada caída es una lección, no una sentencia. Lo que realmente importa es la capacidad de seguir adelante, de reinterpretar lo vivido y de no quedar atrapados ni en la gloria ni en el miedo a equivocarse.

Al final, el valor está en la constancia: en levantarse, ajustar el rumbo y continuar caminando, sabiendo que tanto el éxito como el fracaso son solo capítulos, nunca el libro completo.

Todos herimos a alguien en algún momento


 A veces sin querer, por torpeza o miedo; otras, porque no supimos manejar lo que sentíamos. No siempre es crueldad: muchas veces es humanidad mal gestionada.

Lo importante no es fingir que no pasó, sino hacernos cargo. Reconocer el daño, pedir perdón cuando corresponde y, sobre todo, aprender. Herir no nos define para siempre; cómo respondemos después, sí.

También vale recordar que así como herimos, también hemos sido heridos. Eso puede volvernos más duros… o más conscientes. Ojalá lo segundo. Porque entender el dolor propio suele ser el primer paso para no repetirlo en otros.

martes, 20 de enero de 2026

En memoria de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz (2026)

Tras el trágico accidente ferroviario ocurrido en Adamuz, quiero trasladar mi más sentido pésame a las víctimas y a sus familias, así como mi solidaridad y cercanía con todas las personas afectadas por este suceso. 

En estos momentos de profundo dolor y consternación, deseo expresar mi apoyo a quienes sufren las consecuencias de esta tragedia y mi reconocimiento a los equipos de emergencia y profesionales que han intervenido con entrega y compromiso. 

Que el recuerdo de las víctimas permanezca siempre y que sus familias encuentren consuelo, fortaleza y acompañamiento en estos difíciles momentos.

El Reloj de la Amistad

Era un día gris en la ciudad de Altavista, donde el cielo parecía llorar la pérdida de un antiguo esplendor. Lucas, un joven soñador y aficionado a la relojería, aguardaba impaciente en su pequeño taller. Había decidido dedicar su vida a reparar los relojes que se detenían, aquello le permitía también sanar las horas perdidas de un mundo que se movía demasiado rápido.

Mi nieto querido

Mi nieto querido,
eres la sonrisa que renueva mis días y la esperanza que camina con pasos pequeños pero firmes. En tus ojos descubro un mundo nuevo, limpio de prisas y lleno de asombro. Me enseñas que la vida no se mide en años, sino en momentos compartidos, en risas sinceras y abrazos que curan.

Verte crecer es un regalo silencioso: cada palabra nueva, cada logro sencillo, me recuerda que el amor verdadero no envejece, se transforma. En ti vuelvo a creer, a soñar, a confiar en el mañana.

Que la vida te trate con ternura, y cuando no lo haga, que recuerdes que siempre habrá un corazón —el mío— latiendo para ti, orgulloso de quien eres y de todo lo que llegarás a ser.