Era un día gris en la ciudad de Altavista, donde el cielo parecía llorar la pérdida de un antiguo esplendor. Lucas, un joven soñador y aficionado a la relojería, aguardaba impaciente en su pequeño taller. Había decidido dedicar su vida a reparar los relojes que se detenían, aquello le permitía también sanar las horas perdidas de un mundo que se movía demasiado rápido.
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