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martes, 3 de febrero de 2026

“Gracias por dejar que mis palabras toquen tu mundo.”

Es una frase chiquita pero con mucha alma.

“Gracias por dejar que mis palabras toquen tu mundo” reconoce algo muy íntimo: que escuchar (o leer) a alguien es un acto de confianza. No habla solo de hablar, sino de permiso. De abrir una puerta. De admitir que las palabras no son neutras: entran, rozan, a veces se quedan.

Tiene gratitud, pero también humildad. No da por sentado que el otro tenía que escuchar. Agradece el espacio, la atención, la vulnerabilidad compartida. Y al decir “tu mundo”, eleva al otro: su mundo importa, es propio, es valioso.

Suena a despedida suave… o a confesión sincera. Como decir: no sé qué harán mis palabras en ti, pero gracias por permitirles existir ahí.