A veces pasamos mucho tiempo intentando encajar en las expectativas de los demás. Aprendemos, casi sin darnos cuenta, que decir “sí” es más fácil que decir “no”, que agradar evita conflictos y que adaptarnos continuamente parece mantener la paz. Pero esa paz muchas veces tiene un costo silencioso: dejamos de escucharnos.
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