Enseñar a pensar no es dar respuestas rápidas, sino despertar preguntas que obliguen a mirar el mundo con más profundidad. Pensar implica dudar, analizar, escuchar, equivocarse y volver a empezar. Una mente que aprende a pensar por sí misma deja de repetir ideas ajenas y comienza a construir criterio, conciencia y libertad.
