Hay momentos en la vida en los que el amor no desaparece de golpe, sino que se va apagando lentamente, como una vela que pierde fuerza sin que apenas nos demos cuenta. No suele haber un día exacto en el que podamos señalar el final; más bien es una sucesión de silencios, de conversaciones que ya no ocurren, de gestos que antes nacían de forma natural y que poco a poco dejan de existir.
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