Señor Jesucristo,
hoy me acerco a Ti con el corazón abierto. Tú conoces mis alegrías, mis heridas, mis dudas y mis esperanzas. Nada de lo que soy te es desconocido.
Te doy gracias por el don de la vida, por cada día que me regalas y por tu amor, que permanece incluso cuando yo me alejo o me siento débil.
