Esa frase —“No es pobre el que tiene poco, sino el que mucho desea”— se suele atribuir a Séneca, y encierra una idea bastante incómoda si la miras de frente.
No está hablando de pobreza material, sino de una forma de pobreza interna. Alguien puede tener poco y vivir con calma porque no siente que le falte nada esencial. En cambio, alguien con mucho puede vivir en permanente insatisfacción si siempre está comparándose o queriendo más.
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