A veces la vida parece empeñada en recordarnos sus pesos: las responsabilidades, las pérdidas, los días en los que todo parece ir un poco a contramano. Es fácil olvidarse de la ligereza, de la risa que nace sin permiso y nos desarma, como si abriera una ventana en un cuarto donde el aire se había vuelto demasiado espeso. Por eso esta frase tiene algo de brújula y algo de deseo: “Si vas a llorar, que sea por reír demasiado”.
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