A veces creemos que la vida exige ser descifrada como un enigma, como si hubiera una respuesta correcta escondida en algún punto preciso del camino. Pero la vida no es un acertijo que se resuelve con lógica; es un territorio que se atraviesa con presencia, sensibilidad y valentía. “No se trata de entender la vida, sino de vivirla” nos recuerda que la existencia no es un problema intelectual, sino una experiencia que se despliega mientras la transitamos.
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