El sufrimiento es probablemente el problema filosófico más difícil de aceptar. Nadie lo busca, pero nadie lo evita completamente. Aparece en formas pequeñas —frustraciones, pérdidas, decepciones— y en formas profundas —enfermedad, injusticia, muerte.
Lo que hace difícil el sufrimiento no es solo el dolor en sí, sino la pregunta que lo acompaña: ¿por qué?
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