viernes, 6 de febrero de 2026

Querido hogar

Querido hogar,

Hoy te escribo sin prisas, como quien vuelve a abrir una ventana conocida. En tus paredes aún viven risas que no se borran, pasos que aprendí de memoria y silencios que nunca fueron vacíos. Fuiste testigo de días simples que, sin saberlo, se volvieron los más valiosos.

Recuerdo las mañanas en las que la luz entraba sin pedir permiso, y todo parecía posible. Las tardes largas, donde el tiempo se detenía entre conversaciones, aromas familiares y pequeñas rutinas que daban seguridad. En ti aprendí que la felicidad no siempre hace ruido: a veces se esconde en lo cotidiano.

También guardas mis refugios. Cuando el mundo afuera pesaba, tú sostenías. Me enseñaste a descansar, a sentirme a salvo, a ser yo sin explicaciones. Incluso en los días difíciles, supiste abrazar sin palabras.

Hoy tal vez ya no soy la misma persona que caminaba tus pasillos, pero llevo algo tuyo conmigo. Porque hogar no es solo un lugar: es la memoria de haber sido querida, de haber pertenecido.

Gracias por cada instante compartido, por los momentos felices que siguen vivos en mí. Dondequiera que esté, una parte de mi corazón siempre sabrá volver a ti.

Con cariño, Ana

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