jueves, 5 de febrero de 2026

La constancia supera al talento cansado


La constancia supera al talento cansado porque el talento, cuando no se cuida, se agota; en cambio, la constancia se construye incluso en días sin brillo.

El talento suele empezar fuerte: motiva, impresiona, abre puertas. Pero también se confía, se dispersa o se apoya demasiado en la facilidad. Cuando llegan la frustración, la rutina o el error, el talento solo ya no alcanza.

La constancia es menos vistosa. Avanza despacio, a veces sin ganas, a veces sin aplausos. Pero tiene algo decisivo: permanece. Y lo que permanece mejora, se afina, aprende a resistir.

Al final, no gana quien empieza mejor, sino quien sigue cuando ya no es emocionante. Ahí es donde la constancia deja de ser un hábito y se vuelve carácter.


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