Es una frase chiquita pero con mucha alma.
“Gracias por dejar que mis palabras toquen tu mundo” reconoce algo muy íntimo: que escuchar (o leer) a alguien es un acto de confianza. No habla solo de hablar, sino de permiso. De abrir una puerta. De admitir que las palabras no son neutras: entran, rozan, a veces se quedan.
Tiene gratitud, pero también humildad. No da por sentado que el otro tenía que escuchar. Agradece el espacio, la atención, la vulnerabilidad compartida. Y al decir “tu mundo”, eleva al otro: su mundo importa, es propio, es valioso.
Suena a despedida suave… o a confesión sincera. Como decir: no sé qué harán mis palabras en ti, pero gracias por permitirles existir ahí.

.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)


%20(1920%20x%201080%20px)%20(1).png)